Bueno, estamos intentando actualizar nuestro viaje; perdón que estamos algo atrasados con la cronología. Aquí contamos lo que vivimos en la primera parte en Asia 🙂
Aterrizamos en Bali, provincia muy popular de Indonesia, un día en la noche, el 11 de febrero. Sentimos el golpe de humedad y olor a sahumerios por todos lados ya en el aeropuerto. Camino al hotel, que fue como 1.5 h de viaje, ya notábamos el cambio cultural en la ciudad.
Con jet lag, amanecimos 5:00 a. m. al otro día para emprender nuestra primera caminata por la ciudad de Sanur en dirección a la playa a ver el amanecer. La humedad nos dio un puñetazo apenas salimos, pero también el cambio drástico de ambiente después de Nueva Zelanda.
En Bali la gente deja estas ofrendas por todos lados. Son típicas estas canastillas hechas de hojas de banano con flores y sahumerios. Estas están por TODOS lados. Típicamente en las puertas de las casas, templos, negocios, en las calles e incluso en los autos.

El primer desayuno luego de un largo viaje siempre se disfruta!

Sanur es un lugar muy poco turístico comparado con otros lugares en Bali. Aquí estuvimos dos noches para ambientarnos un poco. Aprovechamos para caminar mucho y empezar a probar, de a poco, la comida. Algo de lo que alertan a todos los turistas en Bali es el famoso «Bali Belly«, básicamente infecciones estomacales. Así que tratamos de cuidarnos mucho con esto.
Una de nuestras primeras charlas con una persona local fue con una mesera muy simpática. Hablamos un poco de la cultura de las ofrendas y de lo que la religión significa para ella. Fue lindo ese primer intercambio donde pudimos, de a poco, ir entendiendo. Algo muy característico que notamos es que hay templos y minitemplos en todos lados. Las personas llevan su espiritualidad muy integrada en su cotidianidad.


Y llego la hora del primer Ramen en Asia!

Llegó la hora de dejar Sanur y partimos rumbo a Ubud, más al centro-oeste de Bali. Aquí ya sentimos el choque cultural un poco más fuerte. Éramos notoriamente turistas, junto con muchos otros. Estábamos abrumados por los vendedores, las calles estrechas y las casas voluptuosas y tradicionales, en medio de un tráfico ruidoso y caótico. Lo que impactó de Ubud es que es un lugar muy pintoresco, algo que está muy explotado allí. Está rodeado de templos y las famosas «homestays», que son casas de familia donde tienen habitaciones para rentar a turistas.
Nos quedamos en una de ellas y la experiencia fue muy positiva. La casa tiene un gran templo en el medio, rodeado por unos paredones y las tres o cuatro casas de las familias, todas apuntando hacia el templo. Toda la familia lleva el negocio.
Estábamos con hambre y Leon encontró el típico «warung», que es un puesto de comida callejero. Yo estaba muy preocupada por comer algo que nos hiciera mal, pero elegimos confiar. Literal, un gecko caminaba por la minicocinita del puesto, donde solo había dos sillas para sentarse. Una madre con su hija cocinaban. Fue rico y muy barato. Por suerte no nos pasó nada y disfrutamos la experiencia.


Fuimos a nuestro primer templo Hindu oficialmente.


En Ubud, caminamos por los tradicionales arrozales. También hicimos una excursión de «Jungle cart» donde nos llevaron a masomenos una hora y medio hacia el centro de Bali para tirarnos cuesta abajo con unos cartings.



Encontramos, escondido de los turistas, un lugar para cenar en el jardín de una persona local. El cocinero y dueño cultiva todo lo que puede y cocina vegano al aire libre. Pone un precio a modo simbólico y es una comida exquisita. Aquí probamos frutas locas, té y comida muy, muy rica. El jardín es hermoso, pero así como nosotros llenamos nuestra panza, los mosquitos se llenaron con nuestra sangre jaja


De Ubud partimos a Amed, al norte de Bali. El viaje junto a Donet, que nos llevó hasta esa ciudad, fue muy agradable. Tres horas de pura charla y de aprender sobre el hinduismo en Indonesia.
En Amed alquilamos una motito y recorrimos caminos escondidos en el cerro. Casas y barrios tradicionales donde la gente nos saludaba; una experiencia muy, muy hermosa. El verde abundante de esa isla es increíble.


Pero lo más increíble es que probamos hacer buceo. Una experiencia que nos impactó. Primero, porque apenas metimos la cabeza bajo el agua, un mundo marino se abrió ante nuestros ojos de una forma cautivadora. Una experiencia que definitivamente vamos a repetir.




Nada como una buena comidita despues de explorar el mar.


Llegaba el momento de partir y nos fuimos a una pequeña isla: Gili T, a la cual cruzamos en ferry. Tan pequeña que la recorres entera en una hora. No hay autos, solo bicicletas y motos eléctricas. El cambio tan grande que tuvimos fue impactante.
Gili T es una isla mayormente con gente musulmana, así que de repente hubo un gran cambio cultural. Una gran mezquita, que con sus altavoces se escuchaba en toda la isla. Justo, sin saberlo, llegamos a suelo musulmán en el comienzo del Ramadán (un festejo muy importante en la cultura musulmana donde la gente ayuna y no bebe durante las horas del día).
Llegamos directo a un chapuzón en el mar; lindo, aunque decepcionante. Era bastante plano y el agua estaba demasiado caliente para el calor que hacía. Pero nada que una buena comidita vegana con jugo fresco no rescate.







En Gili T aprendimos bastante sobre la cultura musulmana de Indonesia. Pasamos una noche muy linda con el dueño del alojamiento donde nos quedábamos, charlando entre el calor y los mosquitos, escuchando los cantos de la mezquita por el Ramadán, mientras teníamos una conversación muy interesante junto a su pareja, quien era instructora de buceo. El dueño nos organizó una salida a hacer snorkel que fue interesante.
Nos metimos al mar con pececitos muy lindos y tortugotas. Fue un día increíble. Cruzamos con el bote a otras dos islas y parábamos a hacer snorkel.




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Nos despedimos de la Isla y nos fuimos a otra Isla. Sur de Lombok. Aqui tuvimos mala suerte y nos tocó un Monzón que hubo por la zona que estabamos, muchos lugares inundados. Nosotros por suerte nos dedicamos a comer, descansar, y apreciar la lluvia que parecia que el mundo se terminaba. Ibamos a jugar ajedrez a un restaurante tradicional. Este era un pueblo super chiquito.


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