13.09. – 16.09.2024
Nuestro vuelo salía de Buenos Aires a las 6 a.m. para poder llegar a tiempo. Siempre tuvimos el «corazón en la boca» porque justo ese fin de semana había paro en el aeropuerto que, por suerte, no alcanzó nuestro vuelo. Con apenas haber dormido unas tres horas la noche anterior por la despedida que nos hicieron en Buenos Aires, apenas nos subimos al avión nos desmayamos del sueño. Por lo que nuestro viaje a Salta fue instantáneo porque abrimos los ojos directamente en las montañas salteñas. Nuestra primera foto en tierra nativa y ya palpitábamos a los seres queridos.

Esperándonos fuera estaban mi hermana Mari con mis tres sobrinos, mi hermana Emi escondida haciéndome creer «que se había dormido». Eran las 8 a.m. en Salta, por lo que creí que sería verdad, pues mi hermana Emi ama dormir.
Mientras esperábamos el equipaje, mis sobrinos y mi hermana nos miraban entusiasmados por abrazarnos y darnos la bienvenida. Fue tremendamente dulce cómo los pequeños nos recibieron, directamente abrazándonos y dándonos la bienvenida a tierras salteñas. Ver a mis hermanas luego de un año y medio sin vernos, abrazarlas y poder volver a pasar tiempo con ellas y los «Titis» (el nombre grupal que usamos para mis sobrinos) se sintió muy acogedor. Aquí, a continuación, un emocionante video de nuestra llegada.


Todos juntos emprendimos viaje a la panadería del barrio para comprar facturas e ir directo a sorprender a mi mamá. Nadie sabía que íbamos a Salta, solo mis hermanas, mi tía Erica que más o menos lo adivinó y algunos amigues cercanos. Luego desayunamos por largo rato, mates que iban y venían, y después nos sentamos a tomar sol en la pileta.
Llegamos a la casa de mamá, ella todavía en pijamas ya que era feriado en Salta, y haciendo su rutina normal con mis hermanas visitándola. Con Leon nos escondimos en la cocina. Cuando mamá entró, la sorprendimos y, por supuesto, empezaron los llantos de emoción. Los abrazos bien fuertes y la alegría de todos por estar nuevamente juntos fueron un gran momento.
Luego desayunamos por laaargo tiempo, mates que van y vienen y luego nos sentamos a tomar sol en la pileta.
Pues este viernes 13 aún no acababa. Cuando ya teníamos la panza llena de mates y facturas, llegó el momento de sorprender a mis abuelos «Los lelitos». Emprendimos viaje todos juntos, mis hermanas en modo rutina, ya que todos los viernes almuerzan con mis abuelos.
Los lelos, esperando en casa en un viernes normal a que llegaran mis hermanas y mi mamá a comer, recibieron la sorpresa de nuestra llegada. Mari sostuvo a mi lelita para que no se desmayara de la emoción, mientras yo abrazaba por detrás a mi lelito. Fue un momento muy lindo en familia.
El fin de semana recién arrancaba. El domingo tuvimos día de dique familiar por el cumpleaños de mi sobrinita Catalina. Fue hermoso volver nuevamente al lugar donde tantas vacaciones familiares sucedieron, pasar un día en familia a risas, mates y asado.




Al día siguiente tuvimos el festejo de los 80 años de mi lelita. Uno de los primeros objetivos del viaje era llegar a esta fecha para estar presentes en su fiesta. Juntos decoramos la casa de mi mamá y nos preparamos para el gran festejo. Por la tarde ya empezaron a llegar todos los familiares, con quienes compartimos una rica cena y algunas bebidas. Hubo noche de karaoke, y la familia quedó sorprendida con Leon cantando rock nacional a puro pulmón. Tanto fue así que no le creían que era alemán por su buen español. Realmente, una noche muy divertida.





Todavia la ronda de sorpresas no terminaba y tocaba ir a visitar a mi otra abuela. La abuela Juanita, ella la mas amorosa, la mas carinosa. Siempre nos cuesta mucho comunicarnos en la distancia porque se emociona tanto cuando hablamos por telefono o video llamada que empieza a llorar. La que hace las empanadas mas ricas y me llena de amor cada vez que voy a verla. Gracias Juanita por existir en mi vida!

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